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Coaching y Gestión del Miedo

1 junio 2009

Hemos pasado el viernes en Madrid con el equipo de una compañía nacional de mobiliario de restauración para colectividades. Día intenso y lleno de retos. Hemos compartido el momento de transición que está viviendo su sector (y muchos otros). Clientes cada vez más competentes y exigentes, necesidad inexcusable de ofrecer servicios más completos y de mayor valor, políticas de precio muy agresivas, y la certeza de que los “viejos tiempos“ no volverán. Ya no volveremos a recoger los pedidos, hoy tenemos que ir a buscarlos (esto es un axioma en muchos sectores pero en otros no se había dado la circunstancia de forma tan evidente hasta hace relativamente poco tiempo).
Las reglas de juego han cambiado. Ya no se trata de aguantar el tirón un tiempo; hasta que pase la crisis (dicen algunos) y seguir haciendo lo mismo. El viejo paradigma ha muerto. Se trata de cambiar el modelo de relación entre las empresas, entre las personas y construir nuevos escenarios dónde todos podamos hacer nuestra contribución.
Enfrentamos la dificultad que este modelo de nueva relación aún no está claro, y empezamos a crearlo del mismo modo que hemos aprendido otras cosas; por ensayo y error. Bueno esto no es así exactamente, hoy observamos qué hacen los demás, analizamos, pensamos en qué estrategia tenemos que avanzar y pasamos a la acción, y luego vamos haciendo ajustes.
Nuevos (¿?) valores toman relevancia en este contexto. La proximidad con los clientes, proveedores, colaboradores para construir espacios dónde todos ganen.
Apoyarse unos en otros SIN MIEDO, respetando el espacio que cada uno ocupa, sabiendo como complementarse, con relaciones personales-comerciales transparentes y con la convicción que juntos podemos alcanzar desafíos que cada uno por su lado no podría. Con mayor o menor consciencia estamos avanzando hacia la red (gran número de freelances y despachos profesionales ya funcionan así).
Proactividad: Ser el cambio que quieres ver –decía el maestro. Provoca lo que quieres que suceda. No esperes, nadie esperará por ti.
Confianza: Tradicionalmente hemos pensado que hacer cosas entraña riesgos, pero en este entorno tan dinámico y complejo es justo lo contrario. No hacer nada, no tomar decisiones, no moverse es lo más arriesgado que puedes hacer.
La escucha activa de verdad, con una atención plena, sin interrumpir, dejando espacios para que la otra persona pueda manifestar sus inquietudes, invitándolo a reflexionar, a abrirse. Encontrar modos de reconectarnos los unos con los otros es la práctica y la estrategia que seguramente más puede ayudarnos en esta realidad. No es que me ponga tierno ni ñoño (aunque puede ser), sencillamente es lo que me parece más sencillo, práctico y a nuestro alcance.
Humildad en nuestra forma de entender nuestras relaciones. Nos patean el hígado los que van de sobraditos, los que pontifican sobre mil cosas, lo que se mueven como si fueran el centro del universo; nos gustan los decididos, los que se comprometen y están al servicio, los que convierten problemas en oportunidades y ven (con todo su realismo) la botella medio llena.
En fin ejercicios como los de este viernes nos reconectan con algunas esencias que me atrevo a decir son intemporales y nos permiten avanzar en nuestros caminos con esas certezas, aunque los pasos concretos que demos sean todavía inciertos.
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